Aumento de la inflación

Comentábamos hacía unos días de la importancia que existe en localizar algunas de las políticas, como puede ser la monetaria. Y es que nos hemos encontrado con medidas para frenar la inflación en la Unión Europea cuando en España se encontraba bajo mínimos, llegando a cerrar 2013 en el 0,2%. Se recomienda que la inflación se sitúe cerca del 2%, pero ¿Por qué?

Para entenderlo vamos a poner dos escenarios posibles, uno en el que la inflación sea demasiado elevada y otro en el que la misma sea negativa. Así podremos entender por qué es conveniente que sea positiva, pero que no supere ciertos límites.

La inflación no es más que el aumento de la cantidad de dinero que debemos entregar por un bien comparándolo con una fecha anterior. Un tomate es igual hace cincuenta años que ahora, pero la cantidad de dinero que hay que entregar por él no. Así, si la inflación durante un año ha sido de un 3%, significa que los productos se han ‘encarecido’ (medidos en dinero) esa cantidad. Por esta razón, si un sueldo no cambia nada durante este mismo año del ejemplo, en realidad ese trabajador está cobrando un 3% menos ya que podrá adquirir un 3% menos de bienes con el mismo dinero.

Una inflación demasiado elevada no es buena ya que puede desencadenar un desequilibrio en la economía. Llevado al extremo puede llegar a derivar incluso en un círculo vicioso (llamada espiral inflacionista) del que es muy difícil salir. Si la inflación es elevada se puede generar una expectativa de que siga siendo así, haciendo que las decisiones tomadas a largo plazo la tengan en cuenta alimentándola todavía más (préstamos, precios de productos, salarios, etc.).

Sin llevarlo a ese extremo, una inflación elevada tiene otras consecuencias también nocivas para la economía. Los acreedores, por ejemplo, deben tenerla en cuenta a la hora de realizar los préstamos. Si no hay cierta estabilidad económica no hay eficiencia, y o bien los intereses serán demasiado altos, o bien demasiado bajos. En ambos casos conllevaría una pérdida de beneficios, por uno u otro lado.

Por otra parte una inflación negativa es muy perjudicial para una economía. Imaginemos que un bien va a valer menos el año que viene. Si es comida lo compraremos igual, pero si es un bien de lujo nos esperaremos. Esto tiene asociado una caída brutal del consumo, lo cual tiene como consecuencia que la inflación vuelva a disminuir. Teniendo en cuenta que una economía sólo funciona cuando sus integrantes compran y venden, podemos imaginarnos la problemática de este tipo de contexto.

Por tanto parece increíble que España, que ha tenido una inflación real rozando el 0% (la inflación positiva ha venido dada por los aumentos de los impuestos), haya tenido que respaldar políticas monetarias como si la misma fuera del 2% o superior (porque así era de media en toda la unión europea). Y no nos engañemos, el problema continúa ya que se ha cerrado el 2013 con una inflación positiva debido, principalmente, al comentado aumento impositivo. Lo cual no significa que haya aumentado el consumo. Por tanto el gobierno debe ser consciente de estas carencias y aportar medidas (de tipo fiscal) que contrarresten aquéllas que nos afectan negativamente por parte de la Unión Europea.