Sector inmobiliario crecimiento

Los primeros signos de estabilidad llegan también al sector inmobiliario. Parece que el ladrillo podrá volver a utilizarse para algo más que para meterlo en el bolso y utilizarlo como arma arrojadiza. Y todo ello gracias a la inversión extranjera. De esto se hacen eco periódicos de tirada nacional como si de una noticia que todos estábamos esperando se tratase. Pero yo me pregunto: ¿De verdad ha dado tiempo a reestructurar la economía española? ¿Ya tenemos a todos los profesionales que perdimos por no especializarnos e invertir muchos de nuestros activos humanos en la construcción? Porque si no es así yo, personalmente, creo que volver a basarnos en la construcción es una mala noticia.

Lluís Pellicer Mateu, periodista de economía en El País, comenta en una de sus noticias del 19 de enero con optimismo estos indicadores positivos hacia el sector inmobiliario. Un artículo de pseudo-opinión (últimamente El País no deja de sorprendernos ‘colándonos’ artículos de opinión sin que nos demos cuenta, una actitud bastante reprobable que, me consta, les ha hecho perder algunos lectores de calidad que contrastan con otros medios y ganar otros menos exigentes) en el que se hace un análisis bastante plano de esta nueva actitud del mercado. Porque no debemos tratar como si de un sector más se tratara aquel que ha hecho de la economía española una de las más frágiles de todos los tiempos, una en la que ya dicen los nuevos estadistas tardará en recuperarse más de diez años.

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Por tanto cualquier análisis de la misma debe tener aparejado otro que indique si el crecimiento va a ser sostenido en el tiempo, es decir, si es un crecimiento real y orgánico, o si va a significar caer en los mismos errores de siempre. Desde mi punto de vista y analizando un poco la situación profesional en España, todo ello sin ahondar en temas como la tasa de desempleo sino sencillamente en la profesionalidad y especialización de las nuevas generaciones, veo que nada ha cambiado. O muy poco. Centrémonos en arreglar este tema primero, que es el que nos dará de comer mañana y que nos protegerá de crisis similares. Porque bonos basura siempre va a haber, de una forma u otra, pero el problema se va a paliar si un estado está bien preparado. Y viceversa, como ha podido comprobarse, se ampliará hasta niveles alarmantes si no lo está. Bienvenidos a España.

Volviendo al análisis de Lluís Pellicer nos comenta, acertadamente, que para que el valor de las viviendas encuentre de nuevo un equilibrio natural es necesario que no sólo interesen a los inversores extranjeros, sino también a los hogares españoles. Porque una vivienda, en última instancia, es para vivir. El valor especulativo de la misma proviene del mismo sitio: su utilidad final. Por tanto si esta utilidad no existe no podemos hacer que el precio se equilibre, o por lo menos no en el nivel que el mercado espera. Porque un hogar español, todavía más ahora que el consumo es muy ajustado, no va a saber cómo enfocar esta necesidad correctamente. Principalmente porque no puede. Entonces, para que esto funcione de nuevo, debemos lograr que estos hogares vuelvan a necesitar viviendas. Qué pena que la clase media esté desapareciendo, ahora nos vendría de perlas.

Como en muchas de las ocasiones y problemas nos encontramos con la pescadilla que se muerde la cola. Y la solución no es echarla al aceite después de rebozarla. La solución es enderezarla en las zonas en las que está más torcida para que, finalmente, pueda ir de nuevo hacia delante. Y todo ello pasa por generar empleo, crear riqueza en clases medias y, por fin, generar consumo. A ver si conseguimos que esto se dé para, por fin, ver indicadores que no nos den miedo en sus lecturas. Recordemos que una casa –referencia que nos viene de perlas en este artículo- no se empieza a construir por el tejado, sino que se deben crear unos buenos cimientos para que dentro de unos años no vuelva a derrumbarse. Porque, ¿Y si la siguiente vez pilla a tus hijos dentro?