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Existen, básicamente, dos tipos de compradores en los mercados de valores: los que adquieren las acciones como inversión a largo plazo, porque entienden que hay desajustes en la valoración que ha hecho el mercado de la empresa, y los que compran a corto plazo por desajustes temporales. Mucha gente tiene dudas sobre qué significan las acciones y por qué se paga ese dinero en concreto por ellas. Como es una duda generalizada vamos a intentar aclararla en este artículo, en el que por supuesto dejo abiertos los comentarios para cualquier aclaración, corrección o consulta.

Una acción de una empresa no es más que la propiedad de parte de la misma. O, lo que es lo mismo, al comprar una acción estás comprando parte de esa empresa. Entonces parece que tiene sentido pensar que lo que se debe pagar debe ser un porcentaje equivalente de lo que vale dicha empresa en ese momento exacto. El problema viene cuando queremos saber dicho valor, ya que una compañía no cuesta exactamente lo que valen sus bienes tangibles; hay que valorar también otros activos como son el valor de marca, la clientela, la imagen de marca, las patentes, el fondo de comercio, etc. Algo completamente imposible ya que, por definición, nadie puede tener los datos reales de los mismos.

Los beneficios potenciales

Si una acción va a significar recibir a lo largo del tiempo parte de los beneficios de la empresa –ya que, como hemos dicho antes, somos propietarios de parte de la misma-, otra forma de valorar lo que debe costar la acción es contando todas las rentas que vamos a percibir a partir del momento de su adquisición.

Debemos tener en cuenta que no podemos valorar igual el beneficio que nos van a dar este año que el que nos van a dar dentro de tres años. Por decirlo con otras palabras, 100 euros ahora no significan lo mismo que 100 euros dentro de tres años. Los estudiantes de Matemáticas de las Operaciones Financieras (MOF para los amigos) estarán viendo en esta afirmación la cara de algún profesor de la universidad. Pero es cierto. Para ello es necesario aplicar ciertas fórmulas que nos permiten valorar esos 100 euros de dentro de 3 años en el momento actual (momento en el que ya no son 100 euros sino menos, ya que el dinero ahora vale más que el dinero dentro de un tiempo), y de la misma manera con el resto de dividendos que se pagarán en el futuro.

Al final, utilizando este método, y siempre y cuando pudiéramos saber a ciencia cierta qué beneficios van a repartir a lo largo del tiempo, podríamos ser capaces de calcular el valor de una acción en el momento actual.

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Desequilibrios en la valoración del mercado de la empresa

Un comprador a largo plazo entiende que la valoración realizada conforme a la afirmación anterior se ha realizado erróneamente por el mercado, y es por ello que compra la acción de esa empresa. Así, entiende que dentro de un tiempo el mercado ajustará esa acción, y los beneficios que percibirá de esa empresa serán superiores (valorados en el momento actual) que los que ha pagado por ella.

Si este comprador tiene razón el mercado terminará reconociendo este desequilibrio, por lo que el precio de la misma aumentará. Habrá varios individuos que, viendo que existe dicho desajuste, comprarán esta misma acción, por lo que el precio tenderá a subir. ¿Hasta cuándo? Hasta que la valoración actual –prevista por el mercado- de todos los dividendos que se van a pagar en el futuro sumados den el precio de la acción. ¿Por qué? Pues porque, en el momento en el que el precio sea superior el mercado se dará cuenta (a través de cada individuo), por lo que se comenzarán a vender estas acciones. Así hasta que se equilibre de nuevo.

Compradores a corto plazo

Existen, como hemos comentado al principio, otro tipo de compradores que adquieren las acciones para venderlas con rapidez y obtener, en este proceso, un beneficio. Son compradores que entienden que existe un desequilibrio en la valoración de la acción pero derivado de un contexto puntual que va a corregirse rápidamente.

¿Qué puede hacer que existan este tipo de desequilibrios? Hay muchas causas, y muchas de ellas aparentemente arbitrarias. Como ejemplo de causas más o menos comprensibles podemos encontrar una tormenta que ha azotado la ciudad de la empresa –que puede poner en peligro sus instalaciones-, el anuncio de una compra masiva de acciones por un ente potente, etc. Y, como ejemplo de causas arbitrarias, podemos poner la propagación de miedos infundados –que, en ocasiones, afectan a un solo día en la bolsa-.

Este tipo de compradores, además, suelen basar sus decisiones en comportamientos que se suelen repetir a lo largo del tiempo de forma más o menos constante, como rebotes en precios mínimos y máximos, tendencias de crecimiento o decrecimiento, etc.

Conclusiones

Las acciones en bolsa toman valores a veces incomprensibles por las personas que no viven en ese mundo. Y no sólo eso, también se ve en ocasiones como una compra de un auténtico boleto de la primitiva por las propias personas que se dedican a ganar dinero con la compra y venta de las mismas. Así de errático puede llegar a ser el mundo de la bolsa, sobre todo a corto plazo.

Pero no debemos perder de vista lo que realmente representan, y es que son parte de la propiedad de una empresa. Y que su valor viene dado, a largo plazo, por los dividendos que van a repartir entre los accionistas a lo largo del tiempo.