pizza japonesa kit kat

La cadena de pizzerías de Japón Strawberry Cones (que también posee los restaurantes Napoli no Kama) han comenzado a comercializar pizzas de kit kat. No sorprende demasiado después de que en dicho país hayan sacado ya más de 15 sabores y hayan inaugurado la primera tienda especializada en dicha chocolatina. Y os preguntaréis: ¿Por qué me cuenta esto? ¿Qué le ha pasado para que le dé por desarrollar ahora los aspectos culinarios del país del sol naciente? Ahora os lo cuento, pero por favor bajad los humos…

En primer lugar, y lo pongo en este puesto debido a la locura que esto significa, porque parece que la obsesión por los ciudadanos de este país hacia el Kit Kat está empezando a alcanzar cotas casi inimaginables, por lo menos en mi mente -que, por otra parte, no es que sea excesivamente tradicional para este tipo de cuestiones-. Y en segundo lugar porque nos lleva a pensar algunas cosas bastante curiosas que tienen que ver con los mercados y que en ocasiones negamos.

Es sencillo, lo que funciona en otros países no tiene por qué hacerlo en el resto. Los desarrolladores de videojuegos, un mercado que ha sufrido este hecho desde el principio debido a la facilidad de exportar su producto, lo tienen claro. Las ventas de un videojuego que en países como Japón han triunfado han sufrido estrepitosas pérdidas en el resto del mundo. Y viceversa. La cultura es lo que tiene, nos presenta una serie de condicionantes mentales (condicionantes de los que en muchas ocasiones no somos conscientes) que nos empujan a disfrutar más o menos de un producto. Por supuesto esto es extrapolable a muchos otros ámbitos.

japón kit kat

Y, por supuesto, hay que tener en cuenta que este hecho, aunque en menor medida, también puede darse entre mercados que son entre sí mucho más parecidos. Dentro de España, sin ir más lejos, nos encontramos con serias diferencias entre el mercado andaluz y el gallego. Y, si seguimos con esta contra-escalabilidad, podemos encontrar matices dentro de zonas geográficas mucho más pequeñas.

Lo importante es que sepamos aislar e identificar estos condicionantes que hacen de dos mercados grupos distintos, ya que debemos encontrar el equilibrio entre la diferenciación (que, al final, no es más que una segmentación) y la estandarización. Lograr que un producto esté creado para un mercado concreto puede hacernos vender mucho más en dicho grupo de individuos, pero también resulta más costoso.

Como conclusión destacar, sencillamente, que no debemos menospreciar la posibilidad de diferenciar nuestro producto (o manera de venderlo) entre todos los mercados que contengan condicionantes culturales que afecten a nuestras ventas, dedicando parte de nuestro presupuesto a identificarlos y aprovecharlos.