preferentes

Los productos financieros ya no son lo que eran. Antes éramos capaces de creernos prácticamente lo que nos dijeran los bancos, o por lo menos eso es lo que parece según lo que ha sucedido no solo a nivel local con estafas como la venta de preferentes sin informar correctamente, sino a nivel mundial al introducir en algunos de ellos activos cuestionables. Ahora somos más cautos, bien porque hemos aprendido, bien porque la nueva normativa así lo exige. Y por esta razón vuelve a la carga la banca con nuevos diseños financieros para hacer las delicias de aquellas personas con la suerte –o previsión- suficiente como para tener dinero ahorrado.

La rentabilidad de los plazos fijos ha caído en 2013, y la previsión es que la misma siga moderándose conforme continúe el 2014. Por esta razón se vuelve más importante que nunca encontrar la forma de atraer a unos inversores que no están dispuestos a asumir demasiados riesgos, pero que tampoco van a bloquear su líquido por una rentabilidad tan baja. Así que toca aumentar el riesgo sin que se note para que el producto sea más atractivo. Entran en juego los nuevos bonos estructurados, que pretenden cubrir un pequeñísimo nicho de mercado en el que nos encontramos con este tipo de inversores conservadores.

¿Son, entonces, productos con más rentabilidad? Por supuesto, cuanto más riesgo se asuma más rentabilidad puedes obtener. Pero también más pérdidas. Recordemos que este tipo de productos estructurados dependen de algunos activos que pueden ser más volátiles que la deuda pública, y si los mismos no funcionan y su valor cae el producto se verá resentido.

Aquí entran en juego los bancos, que intentan mediante una serie de acciones que este riesgo o bien se suavice o bien nos parezca menor. Recordemos que si en el producto el banco nos asegura un mínimo, y este mínimo es un riesgo real –no vale si el mínimo asegurado es 1 euro en una inversión de 100-, este riesgo se nos va a cobrar igual –reduciendo la rentabilidad potencial, por ejemplo, o imponiendo otras condiciones que lo compensen-. Al final, el que vende el producto es el banco, y él es el que tiene que tener beneficios. Independientemente de lo que suceda. En contadísimas ocasiones están dispuestos a que el beneficio sea negativo, ocurra el contexto que ocurra.

Productos estructurados

Por esta razón, y pese a que los depósitos estructurados sí que están cubiertos –en parte- por el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD), no son productos dirigidos a todo tipo de personas. Deberemos comprender su funcionamiento si vamos a contratarlos, para ser conscientes de los riesgos que conllevan. Y, por supuesto, no debemos caer en los errores del pasado, y nuestras inversiones deben tener detrás un estudio coherente de en dónde estamos metiendo el dinero, y de si no lograríamos más rentabilidad utilizándolo de otra manera.

(Imagen de Lexnova.es y protestantedigital)