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Dicen las escrituras antiguas que das un mejor servicio si estás a disposición de tus clientes las veinticuatro horas del día. Algunos de ellos, de hecho, piensan que estás junto al móvil, esperando que te comuniquen su problema para poder resolverlo cuanto antes. ¿Y si son las 2 de la madrugada? ¡Con más razón, así podrás diferenciarte más de la competencia! Todo ello, por supuesto, si eres capaz de sobrevivir. Porque si los estudios dicen que el estrés te quita años de vida… la esperanza de vida de un empresario debe ser de 30 años máximo. La pregunta es: ¿Se es más productivo estando pendiente del móvil a todas horas? ¿Merece la pena sacrificarse de esta manera?

La respuesta, por supuesto, es que no. A pesar de que nuestra jornada de trabajo puede ser un poco flexible, está demostrado que se es menos productivo cuando estamos pendientes  del móvil todo el tiempo. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que, en ciertas ocasiones, y por el lugar en el que nos encontramos –tomando una cerveza con los amigos, por ejemplo, a las 10 de la noche-, es IMPOSIBLE resolver el problema. En ese caso te encuentras con que, el poco tiempo que se le puede dedicar al ocio entre semana –o, incluso, los fines de semana-, se interrumpe. El tiempo que la mente debe desconectar se ve mermado, siendo de peor calidad. Porque no nos engañemos, leemos un email de un problema con un cliente y ya lo tenemos en la cabeza durante un buen rato.

Esto lleva a una consecuencia muy poco deseable, y es que al día siguiente no estamos bien. No hemos desconectado, no hemos descansado. Porque descansar no es sólo dormir, es sentir que no estás trabajando. Entonces pasa algo que todos negamos pero que sucede lo queramos o no: no trabajamos igual. En resumen, al día siguiente somos menos productivos, y para colmo no hemos solucionado nada.

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Al respecto se han publicado dos estudios a los que hace referencia un artículo reciente del The Wall Street Journal, el primero realizado por investigadores de la Universidad de Florida, Michigan y Washington, donde se han examinado a 82 altos y medios ejecutivos, y el segundo realizado sobre 161 trabajadores. En ambos se destaca que los trabajadores que utilizan el teléfono más allá de las 21 horas, para revisar el correo, por ejemplo, duermen peor y rinden menos al día siguiente. Y todo ello sin contar las consecuencias de salud relacionadas con el estrés y que tienen consecuencias a más largo plazo.

En ocasiones esta disposición se realiza con la intención de transmitir, bien a los clientes, bien a nuestros superiores en la empresa, que estamos comprometidos al cien por cien. Pero, y tal y como afirmábamos en un artículo anterior en relación a cómo debe comportarse un departamento de Recursos Humanos, esta forma de proceder no significa en realidad una mayor productividad. Por ello es una conducta contraproducente que hay que evitar a toda costa no sólo por el trabajador, sino como política de empresa.

En los estudios antes mencionados se destacaba lo negativo de extender la jornada de trabajo de manera indefinida, un hecho que conlleva un estrés asociado que deriva en menos horas de sueño, mayor cansancio, periodos más cortos de descanso y, en general, menor capacidad de concentración. Además, la imagen de marca transmitida a personas ajenas a la empresa después de largas temporadas realizando estas actividades mermaba de manera radical, con lo que los clientes terminaban apreciando este hecho y asociándolo a la empresa y no al trabajador con quien contactaban.

Como conclusión, ambas investigaciones recomiendan establecer horarios fijos más allá de los cuales no se revisen tareas de trabajo para romper con esta espiral que termina disminuyendo la productividad de la propia empresa. Por supuesto cosa distinta es facilitar a los clientes herramientas para que puedan trabajar con tu empresa a cualquier hora, pero siempre sin necesidad de que estemos preocupados, como empresarios, todo el tiempo.

Yo he trabajado en empresas donde estaba bien visto enviar un email de madrugada, siendo en ocasiones premiado este hecho. Si el departamento de recursos humanos hubiera hecho bien su trabajo habría investigado para ver por qué había sucedido esto y si ese problema tenía la urgencia necesaria como para revisarlo a esas horas. Porque si no es así hay que tratarlo con el trabajador para que no se confunda: debemos exigir la excelencia y no promover la idiotez. En pocas palabras, si un trabajador es idiota –desde este punto de vista- o no es excelente debe abandonar el barco.