Dificultades que existen para crear nuevas empresas¿Qué está pasando en España? ¿Por qué los nuevos proveedores se  sienten tan indefensos? ¿Y qué pasa con la demanda, con los clientes y minoristas? Ya hemos hablado en entradas anteriores de la necesidad de que haya créditos que impulsen la creación y desarrollo de empresas como parte del motor de la economía, pero existen muchos otros factores que tienen que ver con este crecimiento. Uno de ellos, por supuesto, son las facilidades y coyuntura normativa que exista en cada estado. El Banco Mundial, en su último informe ‘doing business’, deja claro que España suspende en este aspecto, cayendo por debajo de países como Eslovaquia, Colombia, Polonia, Túnez o Kazajastán. ¿Qué es lo que está pasando?

Los recortes que se están dando en el estado español, independientemente de la polémica de si son necesarios o no, están afectando algunos de los puntos que son básicos para el crecimiento de la economía: la creación de nuevas empresas. Este tipo de empresas jóvenes y con ganas de innovar son necesarias para que vuelvan a crearse puestos de trabajo, se especialice el mercado y sitúe a un país en la vanguardia frente a la competencia. Por esa razón no parece razonable que España esté derivando, cada vez más, y pese a los errores del pasado que le han hecho sumirse en la crisis más que el resto, a un modelo de mercado igual que el anterior (aquel en el que la especialización no parecía importante y que nos hace, en la actualidad, tener trabajadores menos productivos y cualificados).

Los indicadores que más afectan y que hacen que España caiga más puestos son los relacionados con el pago de impuestos, el acceso al crédito o los permisos y burocracia existente para ciertos sectores. Puntos que terminan haciendo misión imposible la creación de nuevas empresas. El propio informe tiene un indicador que aglutina el resto de factores y los unifica en uno solo, considerándolo como dificultades para poner en marcha una empresa, indicador en el que España pasa del puesto 136, ya de por sí muy bajo, al 142 (por debajo de otros países como Uzbekistán, Zambia o Sudán del Sur, y justo por encima de Gaza), una posición muy lejana a las recomendadas por el FMI.

Es cierto que algunos de estos estados no obligan a cumplir en su totalidad una serie de requisitos que garantizan un estado de bienestar y una competencia sana (sobre todo en el marco de la Unión Europea), pero tampoco sabe compensarlo con otros ajustes que no tienen que ver pero que están ahí. Un ejemplo de los mismos, sin ir más lejos, son los días de media requeridos en España para que una empresa comience a funcionar: 23. Este dato es mejorado por muchos de los países competidores que se encuentran dentro del estudio.

El Gobierno de España debe centrarse en mejorar este tipo de problemática ya que son estas empresas el futuro de España debido a sus peculiares características, más aún en el momento que se está viviendo en el que la innovación y especialización se encuentran tan supeditadas a la falta de demanda.