ricos y pobres

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Hay muchos indicadores positivos que indican que la crisis comienza a remitir –cuando comenzó recuerdo que todos pensábamos que habría terminado para 2012 y aquí estamos todavía luchando-, pero numerosos estudios indican que el reparto de riqueza se ha vuelto más extremo. Esto significa que los ricos siguen siendo ricos y que los pobres han aumentado. En este contexto, ¿qué pasa con la clase media? En pocas palabras: que se ha visto mermada en número. Un dato alarmante si tenemos en cuenta que el consumo proviene principalmente de este grupo social.

Está claro que la gente con más posibilidades económicas consumen, pero la proporción no es la misma que en el caso de los consumidores englobados en la clase media y los datos brutos tampoco debido al poco porcentaje de la población que representan. Primero debido a que sus necesidades básicas quedan cubiertas con la misma cantidad de dinero que el resto de mortales, y segundo porque los bienes de lujo que pueden llegar a utilizar tienen un límite.

En el caso de los individuos que se sitúan por debajo de la clase media nos encontramos con personas que tienen lo justo para sobrevivir, por lo que su consumo se limita a bienes de primera necesidad. El resto de sus ingresos, si es que no se gastan todo su dinero en este primer punto, lo ahorran. Es una situación bastante común dentro de la economía que se da cuando las familias no tienen estabilidad, contexto en el que deciden prescindir de cualquier bien de lujo en previsión de lo que pueda llegar a suceder.

EL RICO Y EL POBRE

La clase media, por su parte, suele ser más consumista en este sentido. Generalmente tienen una estabilidad superior, lo que les permite gastarse el dinero en bienes menos necesarios para la subsistencia: ocio, bienes de lujo, etc. Los estudios de series históricas lo dejan claro: es este estrato social el que sustenta la economía en los países desarrollados.

Entonces, si en España nos encontramos en una situación al salir de la crisis en la que hay menos individuos considerados clase media, peligra el crecimiento. A pesar de que los indicadores sean positivos no debemos olvidar que es el consumo el que puede hacer que la economía funcione, y si eliminamos de la ecuación a estos individuos el crecimiento será mucho más lento del que podría llegar a alcanzarse.

Las medidas adoptadas, debido a las necesidades recaudatorias impuestas por la propia crisis, han hecho que el impulso a esta clase no haya sido demasiado elevado. No es posible tenerlo todo, podríamos decir. Pero lo que está claro es que debemos ser conscientes de su importancia para, en el momento en el que el país pueda asumir este tipo de iniciativas, volver a adoptarlas con responsabilidad sin seguir la inercia de dejar las medidas tomadas durante un periodo excepcional de la economía.

Porque muchas de las normas adoptadas en el contexto de la crisis se han gestado con la intención de salir de la misma, pero no son adecuadas para momentos en los que ese contexto haya cambiado. Y, por supuesto, el Estado no debe utilizar este tipo de excusas para mantener en el tiempo algunas medidas negativas para, por ejemplo, la clase media que nombrábamos anteriormente. Y todo lo anterior sin tener en cuenta ninguna ideología, sino sencillamente la necesidad de que este motor tan importante siga adelante ayudándonos a crecer y, en definitiva, a vender.